El Forzudo

Bradley el Brutal se partió los dientes —además de muchos cuellos— boxeando de forma clandestina en Inglaterra. Se unió a la compañía de Alegría porque soñaba con algo más grande. Peleas más grandes. Un público más grande. Recompensas más grandes. Sus arrebatos violentos y su temperamento impredecible lo convierten en un oponente tan formidable como impredecible.