El Verdugo
Tememos aquello que no vemos, y huimos de los horrores que presenciamos. Con el rostro atravesado por las cicatrices, las manos callosas de manejar el hacha y la mente perturbada por la violencia presenciada y cometida, el Verdugo se coloca la túnica y la capucha de ejecutor para atemorizar a la gente y ocultarse al mismo tiempo.