Ave María
Mary Burgess probó por primera vez la sangre durante su primera comunión. La segunda vez fue cuando defendió a su convento. La tercera, en el Pantano, donde deshonrada y excomulgada recondujo su justificada furia y se dedicó a derramar la sangre impía de los corruptos con la esperanza de volver al lado de la luz a golpe de batallas.